Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.
08/11/2007
De lo que callan los tímidos
Hoy en Los Abismos es el día de los tímidos. Mañana también si usted lo desea. Puede dejar aquí el testimonio de su silencio. No hable de nada por favor. Ni escriba su nombre o nick. Como mucho puede dejar uno o dos símbolos ortográficos, pero de forma clara y directa, por favor, que no dé lugar a segundas interpretaciones o conjeturas que puedan calentarnos demasiado la cabeza a los lectores.
Muchas gracias. Le devolveré con creces su silencio.
09/11/2007
Si la ciudad supiera
Si la ciudad supiera lo que los hombres como yo le podrían decir... Si supiera qué escalofrío de extrañeza y misteriosa admiración sin sentido recorre mi corazón cuando la contemplo... Cuando contemplo como despiertan en sus ávidas insignificancias todas esas desmochadas y caprichosas muchedumbres urbanas lejos, tan lejos de mi ordenada y pausada furia y trajín. Lejos, tan lejos en su enloquecido tráfico de egoismos y soledades, que siempre atisbo, prisionero entre las almenas de mi labor, tan a vista de pájaro muy por debajo de mí. Nadie parece saber que yo exista. Nadie se acuerda ni parece tener menor curiosidad por saber de mí. Y cuando martilleo muy fuerte con mi pico o rujen los hierros y las piedras entre el viento bajo mi afaenado fragor si acaso lanzan algunos viandantes algunas miradas quejosas y aturdidas hacia algún lugar caprichoso e inverosímil del cielo de Madrid. Entonces algunos de esos afanosos seres, de pronto parece que se sientieran muy molestos y feroces, como si se vanagloriarsen y jactasen de la abismal condición de su diminuta pequeñez. Alzan por unos instantes hacia la invisibilidad del infinito sus desafiantes miradas, como si implorasen a un Ser desconocido, al que jamás esperaran ni creen, que les vengue con un letal rayo que fulmine a ese horrísono demonio que les atormenta con la infernal saña de su impertérrida laboriosidad y les araña las telarañas de oro de su rozagante sueño burgués. Un sueño que jamás se me ofrece dispuesto por sí mismo a acercarme siquiera algunos de sus desperezamientos más leves o de sus más torpes e inconscientes y sonámbulos pasos. Y es en verdad el sueño de la ciudad de tan insoportable hechizo que podría abismarme por el precipicio de los más encumbrados andamios si me parase a contemplar más de lo debido ese hipnótico movimiento pendular. A veces, en un extremo de sus ensoñaciones, se muestran los peatones tan relajadoss y enternecidos y en el otro tan disparatados y sin sentido en su pasear interminagle hacia ningún lugar, como pueden presentarse con muy solícito bamboleo cruzando el umbral de sus lugares de ocio y posadas de placer. Entonces, cuando una vez más vuelvo a cerciorarme de que sólo es mi laboriosa y tensa estela de ruído la que permite brindarme mi lugar en toda esta escurridiza y desentendida calma chicha de mi civilización, vuelvo a descargar toda mi disciplinada rabia en cortar, ensamblar, golpear... Vuelvo a amenazar a toda la ciudad con el recuerdo de la puesta en marcha de un futuro más amplio, más alto y mejor desde cualquiera de sus cúspides de viento, piedra y metal, coaccionándola con los ecos de mi irredento y fragoroso trabajo, apuntando, sin mayores contemplaciones, directo a su futuro con mis armas de masiva construcción.
Autor: Ernesto de Ja Ja Janover, después de 5 cervezas de 50 cl y 4 chupetones de ron y de mear 3 veces sobre los cimientos moriscos de la catedral de La Almudena. (Para ustedes simplemente Lonely Flipidor.)
11/11/2007
Dame, dame, dame
Dame, dame, dame,
arrójame si puedes
fuerte, muy fuerte,
sin miedo a herirme,
sin miedo a desollarme,
sin miedo a desearme.
Arrójame si puedes
fuera, muy fuera,
furiosa, muy furiosa,
(¡por favor, hazlo pronto y constante!)
de esta nube de placer que sin ti
ya se me hace insoportable,
invivible, inhabitable,
desde que me habita,
no bien amaneció
este sábado tan perverso,
y que se agolpó bajo las simas
más embriagadas e ingobernables
de esta arrepentida piel mía
demasiado blanca y culpable aun.
Aférrate con todo tu odio salvaje y limpio
a la ardiente y placentera empuñadura
de tu látigo de reproches enterrados
tal vez también con demasiada vida aun.
Esta noche se exhalará en cánticos de expiación
todo mi cuerpo que crujirá por ti
bajo su propio espanto, tan dulce...
y las amables ataduras
y los honorables cilicios de tu rencor.
Dame, dame, dame
dame fuerte, muy fuerte,
(¡dame pronto y constante, por favor!)
con tus fustas de pinchos de trapo
y el flagelo de tu locura
reencarnada en uñas y dientes para la ocasión.
Dame, dame, dame
para mi solo esta noche
todos tus más malvados odios
de sangre, seda y satén.
Envuelve tu ira con la brisa
que ya se empieza a sentir
de esos mares de falso olvido
y borrascas de celos aun
sin moratones y sangre
que tú ya creíste demasiado quedos
y callados y mansos
por siempre en la dulce y tonta resignación.
Déjate llevar por tu doliente ansia
de justicia que empieza a llamar
con sus pálpitos de reyerta antigua
en las puertas más escondidas
y los fosos más profundos
del más leal y fiero de tus deseos.
12/11/2007
Los tiempos están a-changin una barbaridad
Como todos ustedes saben durante las dos últimas décadas del siglo pasado fui muy aficionado a las infusiones de viruta de abedul, que a menudo gustaba en acompañar por el turbulento espolvoreo de una pequeña nube de serrín de roble del Cantábrico. Las tertulias que solía tener al anochecer en la cafetería El Sosiego de la capital de Felices Aires con mi entonces muy querido amigo y excelso muerto de hambre, el periodista sin oficio ni beneficio, her Knut Hamsun, habían pasado a convertirse en un célebre acontecimiento social del que se hacía eco todas las semanas las páginas de sociedad de los periódicos más importantes del mundo. En mi caso esta práctica de degustador de infusiones de madera era de naturaleza absolutamente snob, por su puesto. No así el el caso de mi amigo Knut, del que debo recordar aquí ahora en honor de su solvencia literaria y personal y de su buen nombre, que siempre llevó con mucha dignidad el acoso a que le sometía la Prensa a diario. "¿Cuando por fin le va a aceptar algún medio periodístico algún artículo suyo, Sr. Hamsun, por favor, tiene alguna noticia que darnos al respecto?" , era una de las preguntas más recurrentes de aquellos periodistas becarios, casi todos ya nonagenarios, que todas las tardes se allegaban hambrientos de noticias, desde sus barracones a la otra orilla del río, para seguir de cerca los acontecimientos más lacerantes y críticos de la aun inexistente carrera periodística y literaria de mi buen amigo Hamsun. Una carrera cuya proyección de anonimato y marginación estaba tomando unas cotas de fama y celebridad en verdad inauditas en este hermoso oficio de los símbolos de puntuación y las letras. "Por favor, Sr. Hamsun, ¿ha consegudio ya para esta noche algún trozo de madera para llevarse a la boca?" " ¿Es verdad que le ha presentado una querella criminal contra el Patrimonio de la Humanidad el Ministerio de Literatura y de las Artes por haberse llevado en las últimas semanas en lonchas casi medio peldaño de su escalera interior de caoba? ¿Tiene dinero para pagar las posibles sanciones? ¿Cree que tendrá ya trabajo cuando le toque pagar las costas del juicio? ¿Son ciertas esas informaciones sobre una criada del servicio de la familia Von Nabokan que afirma que le ha acosado usted para que le cediera sus compresas usadas para los consomés que prepara en alguans fogatas de los obreros del astillero? ¿Son ciertos los rumores que..." "Por favor, señores, un poco de comprensión con nuesro invitado", solía terciar algún camarero, o a veces el mismo chef del restaurante- cafetería cuando el tumulto de corresponsales y curiosos aficionados hacía casi intransitable la entrada y salida de los clientes de El Sosiego o cuando veían en el gesto enloquecido del rostro macilento y cadavérico de Knut uno de sus inminentes ataques de sus horrísona y grimosísima histeria. "¿Se encuentra bien, señor Hamsun? ¿Quiere un poco más de virutas? ¿Que tal si le echamos un par de colillas a su infusión de cortezas de pino? Ya verá como los resquicios de nicotina de las boquillas le sentarán de maravilla y le azuzarán el ingenio. Será casi como tomarse un exquisito café importado de Colombia. Ande anímese, hombre, ya verá qué bueno y qué bien le sienta. Qué se apuesta a que luego va a poder escribir cosas que serán rechazadas por todos los directores de periódico de la ciudad con más énfasis y vehemencia que nunca. Su leyenda de periodista y escritor inédito ha transpasado todas las fronteras del mundo, don knunt, que hasta ya le conocen no pocas tribus y etnias de raza negra a través de las misiones salesianas y mercedarias en África... Nunca le agradeceré lo suficiente el honor que es para mí su regular presencia en mi negocio. Fíjese que le digo, don Knut, que no me extrañaría nada que esta ciudad que le vio a usted nacer y comerse más madera que una plaga bíblica de termitas acabará por perdonarle todos los daños causados, tanto a su imagen europea y universal por su siniestra apareincia demacrada de indigente, como por los desperfectos a que ha sometido usted también a su patrimonio en general y al maderero en particular. Incluso a lo mejor le levantan una estatua. Ya me encargaré si es el caso de hacer yo mis gestiones para que se utilice como material ese ébano de tan buen recuerdo para usted y que ha hecho, aquí mismo en mi café más de una tarde de fiesta, sus delicias."
Fin de la primera parte del primer capítulo del primer libro sobre Las Memorias del café El Sosiego, de Ernesto de Ja Janover Roll Over Katoven.
13/11/2007
A propósito de Torrente
19/11/2007
De regalos anónimos
Por motivaciones íntimas que no vienen al caso hace cierto tiempo que decidí que podría ser muy interesante hacerle un regalo anónimo a una de mis vecinas. Y este fin de semana me pareció que había llegado el momento de transformar mi ocurrencia en realidad. Creo que he conseguido un nivel de depravación sexual óptimo que me permite entrar en un sex shop con toda la naturalidad de un ciudadano normal. Así que este viernes se me ocurrió que podría ser el indicado para comprar a mi vecina el dichoso consolador o vibrador.
El ambiente, tal como me esperaba, era muy distendido y normal. Salvo, quizás, algún señor calvo con gafas de sol que daba algunos paseos demasiado ociosos y extraños por el pasillo de las cabinas de películas porno y alrededor de las estanterías de juguetes, sin fijarse o siquiera simular que reparaba un poco en los artículos. Aquel señor buscaba algo, no cabía duda, y no parecía que los dueños de la tienda lo hubiesen pedido al distribuidor. Un agobio de hombre, en fin, y sobre todo cuando no estaba nada claro si jugaba a pares o nones el buen señor. Pero todo lo demás parecía el público convencional de un museo de ciencias o pintura, parejas jóvenes, menos jóvenes, damas y caballeros de todo pelaje y condición... Salvo quizás por la presencia de algún ejemplar de horterilla de discoteca o de mesón y alguna llamativa reincidencia de menores sudamericanos cuya causa me expliqué porque no debían estar muy duchos en Internet.
En fin, después de casi una hora deliberando sobre cuál podría ser el vibrador más adecuado elegí uno muy hermoso y transparente y de tono rosado y talla 6 en un material ni muy duro ni muy blando que parecía moldeado por el mismísimo Da Vinci O Miguel Ängel. Tanto me gustó que estuve muy tentado de comprarme otro igual para la cómoda de mi jol. Porque además tenía una gran ventosa muy práctica debajo del apartado testicular, lo cual que había muchas posibilidades por otra parte de que no pudiera tirármelo al suelo tampoco el cachorro de gato que anda trasteando por la casa sin parar, a no ser para comer o dormir. Pero luego medité y no creí muy prudente colocar el vibrador en la cómoda del jol porque si por un casual mi vecina pudiese vérmelo un día podría pensar que era demasiada casualidad.
Con mi juguete bajo el brazó salí a la calle Montera y no tarde en elegir de forma muy discreta a una de aquellas prostitutas tan jóvenes que medoreaban por el lugar. Empecé por preguntarle cuánto tiempo me dejaría probar con ella mi vibrador sin estrenar, que cuánto tiempo duraba de media sus servicios, vaya, que aunque no había leído aun las instrucciones, daba por hecho que el vibrador no eyaculaba nunca y tampoco quería abusar del tiempo y la paciencia de nadie. Pero la chica era originaria del Este y no acababa de entender muy bien lo que le decía y eso que abrí la bolsa de la tienda y le enseñé en su caja de plástico transparente el hermoso vibrador en cuestión. No tardó mucho en dejar de sonreirme y se puso a contemplarme con cierta rareza y algún esporádico desdén a la bragueta de mi pantalón. Al final decidió pedir consejo a algunas de sus compañeras que vinieron muy interesadas hacia nosotros a ayudar y en apenas medio minuto se pusieron a deliberar sobre el asunto con mucha pasión, interrumpiéndose sólo para observarme de arriba abajo, por lo común con el rabillo del ojo y de medio lado. Aunque aquel idioma eslavo me resultaba muy dulce y hasta cantarín por momentos empecé a sentirme bastante incómodo con la situación. Sobre todo porque no paraban de acercarse más y más prostitutas desocupadas a informarse sobre el caso y debatir y muchos turistas y peatones en general habían empezado también a pararse por aquí y por allá alrededor nuestro para observar todo aquel guirigay que iba a más con mucha curiosidad. Áunque yo no entendía ni papa de lo que decían aquellas chicas era evidente que el servicio que yo había solicitado había desatado un debate entre ellas muy intenso y apasionado. Tanto que incluso empezaron a surgir fuertes discusiones que por momentos hacían temer que se produjera una pelea o situación violenta descontrolada. De suerte que varios policías de la comisaría cercana empezaron también por preocuparse y estar al tanto de la situación, hasta que la cantidad de gente acumulada alrededor nuestro era tan grande les hizo indispensable intervenir. Yo aproveché el interés de los policías para ponerles en antecedentes y pedirles ayuda para ver si de una vez podía yo irme con la chica a probar mi vibrador. Los policías colaboraron conmigo de forma muy eficiente y no tardaron más de medio minuto en convencer a todas las prostitutas allí reunidas de que disolvieran y fueran a sus quehaceres y que la interesada se encaminase al hostal cercano conmigo a hacer su servicio, aunque ésta no se mostró en ningún momento muy animada sobre el asunto si no le acompañaba alguna pequeña comitiva de compañeras. Yo consentí aunque estaba algo preocupado por si en esas condiciones me podría concentrar bien.
Una vez en el cuarto del hostal todos (las chicas eran cinco o seis) me dispuse a ponerle el preservativo al vibrador como es lógico, porque yo no iba a regalarle a mi vecina un vibrador que no estuviera en óptimas condiciones higiénicas y de salubridad. Se armó otro pequeño revuelo entre la interesada y las testigos, pero con una buena dosis de paciencia y aun más gestos y exhotaciones por mi parte conseguí hacerlas entrar en razón sobre la conveniencia y normalidad de mi iniciativa. Y al cabo de unos cinco minutos de pruebas con el electrodoméstico di la experiencia por muy positiva y superada y ese mismo día por la tarde le mandé mi hermoso regalo a mi vecina por paquete exprés. He conseguido coincidir con ella un par de veces en el ascensor y hemos tenido en ambas ocasiones una breve conversación intranscendente y trivial. A mí me han parecido un poco más largas y distendidas de lo acostumbrado, pero tampoco descartaría del todo que fuese un efecto psicológico mío nada más. Me siento feliz. Estoy ilusionado. Y lo que me resulta más conmovedor y bonito de todo es que en ningún momento ha albergado ninguna sospecha sobre mí como el autor del regalo. Aunque confieso que por algunos instantes me ha parecido, por cierta deferencia muy resuelta y dulce que he creído percibirle hacia mí, que su inconsciente ya se ha enterado. Seguiré muy atento a las derivaciones del asunto. Esto no acaba más que empezar.
Ernesto de Ja ja janover Roll Over Katoven (para ustedes simplemente Lonely Flipidor.)
20/11/2007
La cima boreal
26/11/2007
Cerrado por la Globalización
O por causas globales, blogales o humanofóbicas en general.
Damas y caballeros, no puedo con la especie humana, así que echo la persiana blogosférica hasta más ver.
Nada más lejos de mi intención y voluntad que achacarle a nadie en concreto nada personal. Toda la especie humana anda igual de regular, mal o fatal. Vengo hastiado de constatarlo durante todo el día de hoy y en recientes fechas de atrás.
Lo primero dar las gracias a madam Eugènie, miss Punto, mi señora marquesa de R. y otras aristocracias, religiosas o no, multinicks y a algún espontáneo al que ha traído/atraído por aquí la ocasión. Cuatro gatos en realidad (pero en ciertos casos con qué simpatía y pasión ...), entre los que por supuesto me incluyo también yo. Siento no haber podido tener al corriente de nada estos días a quienes no tengo de ellos su dirección de correo, pero cada vez venía siendo más incómodo e ingrato para mí exponer en público muchas cosas que me hubiese gustado decir. Poca cosa, por lo demás, pero me hubiera gustado poder tener ese detalle. Quizás sobre todo por mí.
El solo hecho de tener esta vía de contacto o espita abierta a la blogosfera y la humanidad en general me estaba causando cierto lastre e incomodidad estos días que considero que son de forma especial bastante malos para los titulares de este invento tan decimonónico que son los blogs.
Pero dejémonos de tonterías, circunloquios y demás requilorios ... Ni siquiera lo mío podría pasar por misantropía. No, lo que yo tengo, o sufro, o me alivia, es humanofobia o humanomorbia aguda o humanoescepticismo total ... Y necesito perderme dentro de mí porque no hay forma de encontrarse uno en el desierto de los demás.
28/11/2007
¿Son los gorilas personas?
¿Los gorilas son personas?, nos pregunta nuestro buen Boussoula. ¿Y por qué no? Si don Hugo lo es ¿por qué no habrían de serlo el resto de su especie?
¿Pero a mí se me ocurren algunas preguntas quizás aún más interesantes, si cabe:
¿Son las personas gorilas? ¿Conoce usted algún caso? ¿Se casaría usted con un gorila? (con uno genuino y sin viso alguno de cruce humano, quiero decir.) ¿O tiene en principio algún prejuicio de especie? ¿Estaría dispuesto a compartir el mismo espacio en el autobús con gorilas? ¿Se subiría a un tren de cercanías conducido por un gorila? ¿Compartiría con un gorila una hipoteca o un régimen de bienes gananciales? ¿Cómo, conoce ya casos? ¿O tendría algún tipo de temor o desconfianza por su instinto territorial? ¿Qué le causaría más temor o incertidumbre respecto a una posible relación con un gorila, la fuerza de su abrazo o la embestida de su falo? ¿Su nivel de exigencia, quizás? ¿Ambos tres? ¿Desconfía en suma de su capacidad para administrar su capacidad erógena en sus relaciones con la especie humana? ¿Tiene prejuicios de clase con los gorilas? ¿Cree que alguna vez podría ser un gorila el presidente de EEUU? ¿Da por hecho que sería más populista que los anteriores? ¿Considera democrático que no puedan presentarse los gorilas a las elecciones? ¿Para qué tipo de oficio o cometido cree usted que están más dotados los gorilas? ¿Cuál sería su reacción si se presentase a cenar a su casa su hija con un novio gorila? ¿Y si éste fuera un médico muy reconocido? ¿Tiene miedo a que si se le dan muchas oportunidades de integración y prosperidad al pueblo gorila podamos acabar todos los humanos en sus zoológicos? ¿Vería con buenos ojos un partido socialista de gorilas españoles? ¿Le preocupa que se pudiera producir en nuestra sociedad alguna revolución gorila? ¿Son los gorilas más personas que los seres humanos? ¿Son los seres humanos más gorilas que los gorilas? ¿Hay de todo?
Dejo estas preguntas en el aire. Y qué alegría me llevaría si tuviese a bien responderme algún primate.
Lonely Flipidor
Por si quiere inspirarse en otros comentarios esgrimidos ya sobre la cuestión pulse aquí y empiece a leer a partir del segundo comentario de L. Flipidor:
http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2007/11/los-exiliados.html#comments
Otro enlace sobre estudios gorilísticos:
http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2007/11/antes-hablar-vo.html#comments
