No quiero ponerte celosa

Bueno, pues como te iba diciendo por el telégrafo, por regla general acostumbro a aconsejar que no se toque mi piel, porque es de plástico fino, y quien la toca se queda con él, porque tiene un tacto divino. ¿Al Santiago Auserón no lo ligaste, verdad? De todos modos, aunque es muy guapo, creo que para ti sería un poco bajito. Yo puedo resultar muchísimo más interesante y atractivo que el Santi (me cae muy bien, pero la verdad ante todo.) Por lo menos eso es lo que parece cuando la gente  le encuentra algo (o mucho, o muchísimo...) a mi cara como de perro mosqueado y como de raza desconocida y de miradas muy profundas e introvertidas, un perro que ha nacido para ser un líder bélico (o poético, según marquen los tiempos) que sobreviría en las peores y más inmundas escombreras y luciría como un naranjo en noviembre alimentándose sólo de los contenedores de basura.

No quería ponerte celosa, nada más lejos de mi intención. No quiero que sufras. Ni siquiera por tus muchos pecados, que me has arrojado sobre mi pasión por ti, como mondas de un fruto secreto,  para hostigarme y condenarme a la farsa de tu supuesta indiferencia. No, no  quiero hacerte daño, pero tengo que decirte que  mi cara de mala hostia y como de estar siempre tramando algo muy muy gordo excita mucho, mucho, muchísimo...  a mis adversarias de mi género opuesto.  Género opuesto que, por otraparte, siempre acabo por sentir tan de mi lado y tan mío... No, no quiero hacerte daño, pero tengo que decirte que a casi todas las mujeres les ocurre que quisieran tener mi cara, hasta que comprenden, como les sucede a las niñas pequeñitas que por fin aceptan que no deben mear en el orinal de pie, que tener mi cara no les favorecería demasiado, que lo único que deseaban, en realidad,  era sólo iintimar muy muy cerca de ella.

Tampoco tenía pensado decirte, pero ahora es demasiado tarde para callarse,  que no quiero por nada del mundo que creas que te oculto algo y  puedas sentirte celosa, tampoco tenía pensado decirte, decía, pero ahora, ya digo,  no queda otro remedio, que las chicas suelen malinterpetarme muy a menudo. Me acuerdo, por ejemplo  (y sólo por ejemplo, una anécdota,  que ni mucho menos es la categoría) de una etapa que tuve que estudiar bastantes matemáticas, y como no soy muy genio de los números que digamos, a veces tenía que reconcentrarme tanto que todas las mujeres a mi alrededor daban por hecho que no lograba apartarme sus pechos y sus bragas de mi cabeza. (A veces es muy dramático lo que me pasa, querida, sobre todo cuando aun no tengo la suficiente  confianza.) El caso es que al final siempre caí,  y suelo caer siempre, en la tentación. Aunque no son pocas las ocasiones en las que es la tentación la que acaba por echarse o dejarse caer sobre mí, todo sea dicho. Verás, los números se languidecían en mi cerebro, como relojes blandurrios y colgantes de Dalí. Por eso en el fondo siempre se me han dado regular las matemáticas. Con tanta sugerencia y provocación a mi alrededor acababa por llegar un momento en que las raíces cuadradas me parecían cada vez más y más redondas...  y como con más y más curvas y más..., como donuts tiernos navegando en toneles y toneles de chocolate caliente.  Y ya no podía pensar en otra cosa. Ya ves, un tipo tan cerebral como yo y con tanta proyección vital siempre cayendo y cayendo tan bajo. Mi mente matemática ya no daba ni para contar los polvos, fíjate lo que te digo. Cuando más creía que los tenía todos memorizados y contados de pronto, zas, empezaban a asaltarme las dudas, los nervios y  con los nervios los coitos terminaban por hacerse interminables y al final perdía la cuenta.

No quiero ponerte celosa, pero la vida me ha dado tanta vida y la naturaleza tanta naturaleza, que nunca sé muy bien como ingeniármelas para ir despachándola por aquí y por allá y como buenamente puedo y se me ocurriendo sobre la marcha.   

Siento decirte que no sé cuántos hijos tengo. A veces me dan pesadillas en las que me toca la lotería, el Gordo o algo. Me dan sudores fríos de sólo pensar que si de pronto me fuese muy bien en la vida empezarían a salirme hijos e hijos de todos los lados y continentes (no he viajado mucho, pero suelo entretenerme mucho en los bares de losa eropuertos) y de todos los barrios altos, medianos y bajos de toda España  (por los chabolados me he movido bastante menos.) Como comprenderás nunca me gasto dinero en juegos de azar y lo tengo terminantemente prohibido hacerlo en casa, aunque todo el mundo sé que juega a mis espaldas. Sobre todo mi abuela Cirila, que aun no comprende ni acepta que yo no sea multimillonario y siempre dice que alguien como yo sin dinero es un pecado de Dios, algo así como un pan que no conoce dientes, un derroche, un despropósito, una prueba más del sin sentido de la vida y de que nunca debió de haberse casado...  En fin, para eso están las abuelas, y para preparar la sopa, el gazpacho y  la fabada caseras, claro.

Pues como te decía, no quiero saber nada de juegos de azar y tiemblo de Parkinson y bailes de San Vito sólo de pensar en los inesperados golpes de fortuna que pudiera depararme el destino. Me apaño muchísimo mejor de pobre y con menos responsabilidades de administración de capital y de hijos. A veces, incluso, cometo erratas y horrendos anacolutos en mis escritos para que ningún editor o productor se vaya a fijar  mucho y  me proponga hacerme un contrato por todo lo alto, gordo  y ancho.

En fin, que es muy entretenido, pero también muy ajetreado y fatigoso lo mío. Pero hasta ahora nada ni nadie me ha hecho sospechar que se pueda tratar de un error de la naturaleza o una tara.

En fin, que no quería ponerte celosa. Nunca lo he pretendido. Y además te juro y te juro que esta noche pensaré mucho y muy fuerte en ti cuando ame otro cuerpo distinto al tuyo. 

24/09/2007 18:21 Autor: unhogarenlosabismos. Enlace permanente.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.