Dame, dame, dame

Dame, dame, dame,

arrójame si puedes

fuerte, muy fuerte,

sin miedo a herirme,

sin miedo a desollarme,

sin miedo a desearme.

Arrójame si puedes

fuera, muy fuera,

furiosa, muy furiosa, 

(¡por favor, hazlo pronto y constante!)

de esta nube de placer que sin ti

ya se me hace insoportable,

invivible, inhabitable,

desde que me habita,

no bien amaneció

este sábado tan perverso,

y que se agolpó bajo las simas

más embriagadas e ingobernables 

de esta arrepentida piel mía

demasiado blanca y culpable aun.

Aférrate con todo tu odio salvaje y limpio

a la ardiente y placentera empuñadura

de tu látigo de reproches enterrados

tal vez también  con demasiada vida aun.

Esta noche se exhalará en cánticos de expiación

todo mi cuerpo que crujirá por ti

bajo su propio espanto,  tan dulce...

y las amables ataduras

y los honorables cilicios de tu rencor.

Dame, dame, dame

dame fuerte, muy fuerte,

(¡dame pronto y constante, por favor!)

con tus fustas de pinchos de trapo

y  el flagelo de tu locura

reencarnada en uñas y dientes para la ocasión.

Dame, dame, dame

para mi solo esta noche

todos tus más malvados odios 

de sangre, seda y satén.

Envuelve tu ira con la brisa

que ya se empieza a sentir

de esos mares de falso olvido

y borrascas de celos aun

sin moratones y sangre

que tú ya creíste demasiado quedos 

y callados y mansos

por siempre en la dulce y tonta resignación.

Déjate llevar por tu doliente ansia

de justicia que empieza a llamar

con sus pálpitos de reyerta antigua

en las puertas más escondidas

y los fosos más profundos

del más  leal y fiero de tus deseos.

11/11/2007 15:07 Autor: unhogarenlosabismos. Enlace permanente.


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