Hoy es sábado

Una de las pocas mujeres, aparte de mi madre,  que me conocen por todas la cercanías y horizontes que pueda abarcar la Rosa de los Vientos,  acaba de poneme en mi sitio de nuevo. Esta vez cuando salía con un conteneo un tanto extraño por la puerta del jardín. A mí me parecía que sus zapatos sin calcetines y con el tobillo y el empeine desnudos al aire le hacían un efecto un poco extraño. Y también me pareció bastante extraño el vaivén que desde sus tacones parecía que le imanase y le recorriese todo el cuerpo a cada paso que daba, por corto o insignificante que fuese. A mí , con toda sinceridad, por lo demás,  me pareció que le bailaba además  un poco en el pie dentro del zapato.  "Esos zapatos parecen muy peligrosos...  Y sin calcetines hacen como un poco  raro", le dije cuando ya estaba a dos pasos de la puerta y ya a unos cinco metros de mí.  Ella giró su rostro y su melena para hacer como que me miraba y  con un mohín entre risueño y demasiado escéptico y resabiado para mi gusto, como una Lauren Bacall de fin de semana  que se dispone en la urbanización a desfalcar medio hipermercado, me soltó:  "Más peligrosos que tú, imposible..."  Y cuando acababa de desaparecer  por la puerta se asomó de pronto: "Y de lo raro mejor que no hablemos, que como me dé la risa ya no paro en todo el camino y se me puede ir todo el rímel al carajo."  Eso, encima mal hablada, musité para mis abismos.

Una de las actitudes  más insoportables y crueles que tienen para mí las mujeres es que nunca me dejan hablar u opinar de sus zapatos. "Tú no entiendes", suelen decirme. "Pero si es que con esa falda te hace..." "Cállate, tonto. Que sabrás tú...  No tienes ni idea. Con esta falda están de cine. Estos zapatos son monísimos. Todo el mundo me lo ha dicho en el trabajo. Y además han costado una pasta."

Yo, por supuesto, soy muy partidario de la igualdad entre el hombre y la mujer a todos los efectos legales, laborales, promocionales, liberales...  Pero sin que me dejen opinar sobre sus zapatos me da mucha rabia, la verdad, qué quieren que le diga. Yo quiero que seamos iguales para todo. Y que me dejen opinar de sus zapatos sólo para sonreirse en silencio, o,  incluso, para  echarse algunas carcajadas, que siempre simulan ser como muy contenidas, cuando la verdad es que no pueden ser más rabaneras y exhibicionistas,  no me vale, no me parece de recibo, no soporto qeu se rían de mis palabras cuando hablo muy serio y preocupado de sus zapatos.  Casi prefiero la censura y la represión descriminatoria por razón de género y por las bravas y porque les da la gana y sanseacabó. A veces pienso que toda mujer profesa una especie de  fascismo sexual muy encubierto. Al menos conmigo. Yo creo que es porque les jode mucho la aureola o rol de amo que transmito, o que según ellas yo transmito o pretendo. Pero yo creo que ellas me imponen ese rol para disfrutar mucho más con sus jueguecitos en los que siempre acaban, o intentan acabar, esclavizándome por completo o pretendiendo hacer de una cabra loca como yo su siervo infalible.  Las pierde la soberbia, yo se lo tengo muy dicho. Pero hay que reconocer que a veces a las cabronas les funciona... Pocas veces, pero como les gusta tanto el juego no les importa mucho no sacar siempre premio. Además cuando no les sale premio también les gusta. Y a veces más eu el premio. En fin, un lío.

Y de los malos tratos...  Por razón de sexo, iba a decir, cuando es por algo más salvaje, caprichoso y   sin excusa posible: por razón de imponerme de forma muy rápida y clara sus dominios...  creo que sería también mejor que me callase y dejase de hablar de ello ahora que estoy a tiempo . Pero siento ya como mi rebeldía y liberación me consumen y arden, como yesca ya muy vieja y reseca,  por dentro. Cuando una mujer ya me conoce lo bastante  sabe que mi tensión y mi falta de amoldamiento o acoplamiento a las circunstancias (ellas ya se encargan ya de proporcionarme por anticipado estas circunstancias) es una fuente inagotable de satisfaciones. El placer qeu ha encontrado alguna mujer en ponerme rojo de ira ha hecho de mí un escéptico,  en potencia y en la práctica,  de la condición humana en general y de las mujeres, las  ONGs, las asociaciones ciudadanas y partidos políticos, por ejemplo, en concreto. Alguna me llegó a decir que sólo lo hacía para ver si lograba explicarle mejor el maquillaje que quería a su esteticien o en la peluquería. Saben que por razones de profesión y de naturaleza propiamente tengo a menudo la cabeza muy absorbida con un caso y el nervio como a punto de soltarse, de volverse, de irse  o zarandearse. Y todo esto da mucho juego. O lo daba. Porque de tanto sentirme un león maltratado en sus jaulas y de sentirme acorralado comprendí que había llegado ya el momento o la fase de pasar a las amenazas. Y ellas saben que cuando yo amenazo estoy pensando mucho más por el bien de mi amenazado que por mí mismo. Aunque por mí también lo hago un huevo, claro. Total, que me es igual qeu estemos en el piso del centro de Madrid o en el castillo al lado de algunas urbanizaciones y el bosque.  "Ya está, ya ha habido bastante... Ahora te juro que como me sigas diciendo disparates y acusándome de todo salgo a la calle a gritar que no te aguanto y si algien se me queda mirando más de la cuenta me lío a hostias. Y si es del Barça ya ni le suelto..." Alguna vez no supieron contenerse y se dejaron llevar por el placer que les causaba ver en mi estado de fuera de mí su matraca. "Que pares, que pares... ", pero no sirvió de nada. Cuando ya hay  varios grupos de gente parados en la calle concentrados, con demasiado interés para mi gusto,  en mis gritos, mis ademanes violentos y mi furia, al final arrepentida lo normal es qeu mi amante acabe por tirarme por el balcón mi placa para que yo se la ponga delante de las narices a todo el mundo y se vaya en un pispás, más pronto que tarde, a sus casas o donde gusten. Luego todo es un remanso, claro. Y hasta suele bajar mi amante a la calle para ayudarme a tomar el ascensor y me apoye con mi brazo en sus hombros. Suele poner cara mohína y como de muy arrepentida, pero los dos sabemos que está muy animada y el vicio la recorre y consume por dentro, a veces con tanta fuerza que yo también me tambaleo. "Me parece que no tenemos muy buena fama con los vecinos", me dice de pronto con candor de santa.  "No será, chati,  porque tú no pongas todo de tu parte para que así no sea",  le respondo. "No seas hipócrita, eres tú...  que te pones como un basilisco." "Mira, monina, no empieces, que aun tengo fuerzas para salir a gritar y dar golpes un buen rato..." "¿Sí, darling? ¿Todavía te sientes así de a tope?" "Para un par de números más, ya te digo..."     

Claro que mi furores y arrebatos también son muy útiles cuando los paso por la Turmix de mi trabajo.  "¿Sabes?",  me dijo un día, " ¿Te acuerdas de aquel subnormal,  que me insultaba y amenazaba y que  me llevaba amargando todo el curso con el apoyo de su padre? Pues su padre ahora está en el hospital y su hijo, aprovechando el asunto, ha sido  expulsado del instituto por el cagado del director por un mes y está estudiando un equipo piscológico su caso, para ver que centro podrá ser  para él el más apropiado." "No me digas, monina, qué guay, ¿no? Justo ahora cuando parecía que todo el mundo te quería endosar a ti la papeleta..."  "Pues sí, la verdad... Vamos no quise decírtelo pero ya lo tenía todo preparado para pedir la baja... Por nada del mundo quería pedirla, pero ya no había otro remedio..."  "Vaya, vaya, y ¿ qué le pasó al buen julai de su padre para haberse puesto tan malo de pronto?" "Pues no estoy segura. Nadie lo sabe muy bien...  Pero dicen que se metió en algún jaleo con una gente o algo." "De eso no te quepa la menor duda, monina.  Así es esta gente... Y encima los tontos en algunas ocasiones  no tienen ni puñetera idea  de la clase de jaleo en la que se han metido..."   

En fin, hoy es sábado. Y aunque haya alguna mujer que se empeñe en seguir discriminándome  y desprecie y se burle de todos mis comentarios y observaciones sobre sus zapatos, de paso que tienen el cinismo de considerarme, y decirme,  que soy un  tipo muy peligroso porque... ellas sabrán por qué... y además tampoco tenga hoy agua caliente para la ducha y me ronden y rodeen los escepticismos y las responsabilidades con los trabajadores a mi lado... El caso es que, decía,  a pesar de todo esto y mucho más  me siento razonable y sentimentalmente feliz y seguro. 

29/09/2007 12:41 Autor: unhogarenlosabismos. Enlace permanente.


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